En la Revista Senda de Enero-2010, publican un nuevo trabajo de nuestros colaboradores, explicando el gran poder que la Seguridad Social supone al prejubilado, que es capaz de someter a su empresa y al Banco de España cuando decide, solo por su libre voluntad, forzar a que le confeccionen un Plan para su Prejubilación. Y llevan más de 10 años consiguiéndolo, tanto él como miles de compañeros.

¿Tienen tanto poder los Prejubilados, como supone la Seguridad Social?

 

      El titular es llamativo: "el poder de los prejubilados". Pero no está fuera de lugar... del todo, porque examinando el trato que recibe desde la Seguridad Social, cuando accede a la jubilación anticipada después de cotizar en Convenio Especial durante varios años de prejubilación, casi parece verdad. Al menos así los tratan, como Supermanes, al rebajarles la pensión en un 40%, aplicable al ficticio  "cese voluntario", en lugar del 30% que correspondería si fueran reconocido el real "cese involuntario".

 

      Bromas aparte, por si alguno se lo cree todo: el prejubilado es cesado por su empresa, que considera más ¿beneficioso? pagar 40.000 euros al año para que su ex-empleado no haga nada, contratando a otro para su puesto o amortizando al que mandó para casa. Tratamos con este artículo dejar en evidencia la contradicción entre lo supuesto y la realidad: la empresa decide todo, el Banco de España autoriza a la empresa (no al empleado), y el empleado se ve abocado a aceptar las condiciones del Contrato de Prejubilación. Pero nada ocurre por la libre voluntad del trabajador.

 

      En el artículo de la revista Senda, de Enero 2010, se hace hincapié sobre las contradicciones que presenta la calificación de "cese voluntario", o "por su libre voluntad", que dice la Ley, cuando se revisa con un mínimo de critério lógico cada uno de los apartados. ¡Es imposible que la Seguridad Social defienda el absurdo que se presenta!. ¿Quien se puede creer semejante disparate? ¡El trabajador sometiendo a la empresa!. Vamos, anda.

 

      Y sin embargo es verdad. Al menos en sus consecuencias. La Seguridad Social estima que los trabajadores prejubilados son los que deciden todo, sin ningún condicionante ni presión, solo por su libre voluntad. Y como tales causantes de todo, deben ser castigados con la penalización máxima.

 

      De nada vale que se le diga que el trabajador nunca ha expresado su deseo de cesar en el trabajo, ni mucho menos ha decidido suprimir la tarea que está realizando. Y no digamos nada de que tenga capacidad para obligar a su empresa a que gaste 40.000 euros al año, pagándole parte de su nómina y la cotización a la Seguridad Social por no hacer nada durante los años de prejubilación.

 

      Y el colmo del disparate se produce en la Banca. La Seguridad Social estima que el trabajador tiene poder para coaccionar al Banco de España, que dicta la normativa contable para las Entidades Financieras, obligándole a crear unas normas específicas para que los Bancos, que tienen que pagar decenas de miles de millones de pesetas para cumplir los supuestos "caprichos de prejubilación" de sus trabajadores, puedan contabilizar estos importes contra Reservas.

 

      No les adelantamos más. Como pregonan en el Circo, ¡Pasen y vean!. Y si alguno de los lectores tiene duda sobre la realidad de las afirmaciones, solo tiene que asomarse a cualquier Memoria anual de un Banco y leer el Informe de los Auditores de Cuentas, donde se informa de las contabilizaciones realizadas. Por cierto, sin ninguna referencia a la intervención de la "libre voluntad" de los empleados.

 

      Estimamos oportuno utilizar un contenido algo festivo para presentar este trabajo, porque en realidad, analizando con algo de atención cada uno de los apartados de nuestro colaborador, es para que le caiga la cara de vergüenza a más de uno, desde el Ministro de Trabajo, Sr. Corbacho, pasando por el Secretario de Estado, Sr. Granado y resto de Directivos del equipo. Son nuestros empleados, les pagamos un buen sueldo, pero en estas cosas... no se lucen, precisamente.

 

.elbotones     Enero / 2010

 

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